
El escritor español contemporáneo más apreciado fuera de su país, Javier Marías (1951-2022), fue también un articulista fuera de lo común por su capacidad para detectar tendencias sociológicas que, sin embargo, no suelen ser trending topic en “nuestros tiempos imbéciles”, uno de sus temas recurrentes. Marías achacaba el creciente éxito del programa de idiotización ciudadana a que
Nuestra capacidad para tragarnos mentiras o verdades sesgadas es casi infinita, si nos complacen o dan la razón. El autoengaño carece de límites.
La gente de a pie tiene ―tenemos―, por tanto, una considerable cuota de responsabilidad en esta involución de la especie humana, como se puede observar en asuntos en apariencia tan nimios como la falta de decoro.
Me temo que si ha cambiado esta actitud pudorosa, de ocultación natural de lo que nadie ha de ver, es por una sandez más de nuestros tiempos imbéciles. Hay parejas que presumen no solo de no tenerse secretos, sino de aceptar todo lo del otro como prueba de sus absolutos amor o incondicionalidad. “Quiero todo lo tuyo, abrazo cuanto de ti procede”, viene a ser la formulación implícita o explícita. “Nada tuyo me repugna, ni me avergüenza, ni disminuye mi amor”. Y eso incluye, posiblemente, asistir a las deposiciones del ser amado con expresión de arrobo y no de asco o desazón.
“Si al mundo se lo toma por tan tonto es porque quizá haya llegado a serlo”
Pero, claro, la vasta difusión de la pandemia idiotizante necesita poderosos canales para hacer llegar sus memes a todo el mundo.
Al mundo se lo toma por tan tonto (quizá haya llegado a serlo) que los responsables de los medios saben que una imagen, lejos de valer más que mil palabras, es fácilmente descalificada y anulada por unas cuantas frases, deslizadas antes o después de la contemplación de aquella.
Es grave que hayamos alcanzado un grado de idiotez en el que pueda prevalecer lo que nos aseguran que ocurre sobre lo que vemos que ocurre.
Canales que utilizan con desparpajo los políticos.
Tengo la sensación de que nos vamos adentrando en una de esas épocas en las que se tiende a juzgar superfluo cuanto no trae provecho inmediato y tangible. Una época de elementalidad, en la que toda complejidad, toda indagación y toda agudeza del espíritu les parecen, a los políticos, de sobra o aun que estorban.
“Cuando los abusos son la regla, no hay más remedio que emporcarse”
Pero el escritor, editor y traductor madrileño no era de los que se conformaban con ponernos ante del espejo.
Nos encontramos en una situación de emergencia que obliga a mancharse con la suciedad que esparcen nuestros gobernantes de todo signo. Cuando los abusos no son la excepción, sino la regla; cuando no se da abasto a contrarrestar ―qué digo: a señalar― los desmanes y tropelías, entonces no hay más remedio que emporcarse. Ningún combate se libra desde el tendido.
(Pasajes extraídos de columnas publicadas en El País Semanal que también se pueden leer en el blog de Javier Marías.)