
¡Un pleonasmo con asterisco! Tal vez esconda un oxímoron.
Para evitar equívocos, aclaramos que la frase es del protagonista de la serie colombiana ‘Escobar, el patrón del mal’ (2012), escrita por Juan Camilo Ferrand.
Nassim Nicholas Taleb equipara en ‘El cisne negro’ las iniciativas artísticas con las científicas porque “reducen las dimensiones del mundo”.
La sección ‘Libros amigos’ enriquece su envidiado catálogo con ‘El amor sabe a chocolate’, la tercera novela de la madrileña Nieves García Bautista.
Sentencia latina que, según explicó en 1911 Ambrose Bierce en su ‘Diccionario del diablo’, se traducia, se traduce y se seguirá traduciendo erróneamente por «la excepción confirma la regla».
Cuando su esposo le da una noticia que la trastorna profundamente, la protagonista del inquietante relato ‘Cordero asado’ intenta borrarla de la memoria atribuyéndosela a su imaginación.
Con soterrado cachondeo a costa de sus semejantes (y de los talleres literarios), David Torrejón nos transporta en ‘Escríbeme una foto’ a cuatro mundos unidos por una intrigante imagen de los años sesenta.
Esto me lo reservo, de momento, para mi epitafio, pero no descarto arrepentirme de disponer un epitafio que revela tanta inseguridad.
La idea de Umberto Eco surge al hablar de Pitágoras, cuya doctrina, incluidas las leyes matemáticas, se presentaba como “un conocimiento místico”.
“Nuestros tiempos imbéciles” es un tema recurrente en los artículos periodísticos de Javier Marías, el escritor español contemporáneo más apreciado fuera de su país.
Ramón Gutiérrez Izquierdo lleva a las más excelsas cumbres de las líricas castellana y gallega los 154 sonetos de William Shakespeare.
Frase de una de las catorce subtramas del capítulo sexto de la tercera temporada de ‘Juego de Tronos’. El consejero de los Rumores, lord Varys, conversa con lord Petyr Baelish, El Meñique, sobre espejismos y realidades.
Apotegma que consigue la proeza de parafrasear la ley de Murphy sin incurrir en ninguna de las infinitas variantes del plagio.
Microrrelato de Edmundo Valadés incluido en el libro ‘Solo los sueños y los deseos son inmortales, Palomita’ (1986).
La llamativa ―provocativa, incluso― aparición del verbo “provocar” en un texto tan corto viene que ni pintada para recordar una reflexión de Fernando Lázaro Carreter sobre el abuso de este vocablo.
El ínclito Quevedo, en un antológico alarde de escaqueo, incluye esta frase en el prefacio de ‘Política de Dios y gobierno de Cristo’.